domingo, 21 de diciembre de 2014

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En Gurian se cree que las noches te roban la vida. Gélidas y mortales, oscurecen todo a tu alrededor y te ahogan entre olas negruzcas, salvajes y espesas. Las voces que viajan a través de los vientos siempre han advertido a las gentes acerca de los paseos nocturnos, lejos de la luz; y, haciendo eco cientos de mentes, es así cómo el temor florece en los corazones que tiemblan, apavoridos por perder el alma que los acompaña.

Pero yo vivo en la noche y es mi eterna compañera. Ya no me quedan recuerdos que su aliento helado me pueda arrebatar. Su frío me atraviesa, pero no siento ni la más mínima molestia. Sé que la gente está ciega, que viven tras un velo de fantasías y maravillas, hecho y planeado para que sus ojos no alcancen a ver lo que hay más allá, allí donde yo he venido a explorar. Así, con la vista tapada, nadie se da cuenta de que, poco a poco, unas manos metálicas van congelando sus cuerpos, dejando a "nadie" -al pueblo- a su total merced.

Yo fui uno de sus juguetes una vez; por eso, mi corazón ya no es lo que era ni yo soy quien solía ser.

ECO

“Oye...tengo miedo."


La oscuridad es algo envolvente, capaz de hacerse con tu cuerpo y mente, antes de que puedas caer en la cuenta de ello. Destruyendo tus recuerdos, ella recorre tus interiores, quebrándolo todo a su paso, como si todas las memorias fueran frágiles cofres de cristal. Por muy bien enterrados que estén en tu mente, la negrura de su esencia es capaz de hacer que se desvanezcan. Todo es inútil.

¿Cuánto tiempo llevo ya perdida entre las sombras de este bosque? Una noche densa, sin estrellas que me guíen en mi camino. ¿Adónde te has ido, Luna? No consigo ver tu luz plateada. Las copas de los árboles son altas y parece que, hasta sus ramas se funden en el cielo, como pequeñas venas recorriéndolo.

Quiero correr. Pero mis pies están plantados en la tierra mojada, haciendo caso omiso a mis deseos. Ni siquiera mi voz sale de mi garganta; no llega a ningún lugar. Dentro de mí, la oscuridad planta su semilla.

"Oye...tengo miedo."

Una melodía lejana se desliza por el aire.

Es un sonido conocido, y mi corazón reacciona al escucharlo. Es una bella canción, que arrastra consigo una suave brisa que me acaricia las mejillas. Un pequeño eco que resuena y resuena, calmando mi respiración. Por un momento, me olvido de dónde estoy. Con amabilidad, el suave viento melódico me rodea y rompe lo que fuera que impedía a mi cuerpo moverse.
Poco a poco, recupero el control sobre mí misma. Doy un paso hacia delante, escuchando el leve sonido de hojas secas rompiéndose bajo mis pies. ¿De dónde viene esa música? Necesito hallarla, necesito sentirla más cerca de mí.

Con cada paso que doy, los árboles me abren paso. Sus copas se sacuden, dejando caer una lluvia de hojas secas sobre mí. Y el viento, juguetón, me empuja para que siga adelante. Sacude mis cabellos, liberándome de toda presión, y, ascendiendo a las copas de los árboles, la antes marchita naturaleza va recuperando sus colores primaverales, poco a poco. Mis pisadas dejan huella, dejando tras de sí una estela de hojas secas, en tonos otoñales. Tal y como estaban colocadas, parecía que el suelo ardía con semejante escala colorida.

Por mucho que ande, la melodía sigue siendo un simple eco. Lejana, vaya a donde vaya dentro de este bosque sin fin, no encuentro más que árboles y arbustos, nada más. El bosque va recuperando su luz paulatinamente, pero, dentro mí, siento que esta aún no se manifiesta.

"Oye, he estado pensando..."

Sin comerlo ni beberlo, las lágrimas comienzan a caer de mis ojos. En un impulso, caigo de rodillas al suelo, llevándome las manos al rostro. Estas se humedecen, con las gotas que no dejan de fluir.

Un impacto, duro, doloroso.

De golpe, mis recuerdos vuelven a mí. Todo, en mi mente, se reconstruye y vuelve a renacer. Todas mis memorias pasan por delante de mis ojos, a una velocidad de vértigo. Sollozo en silencio, encogiéndome sobre mí misma. Ahora que lo recuerdo todo, sé dónde estoy. Sé por qué estoy aquí. Y sé, sobre todo…

Poso las manos en mi pecho, conteniendo con todas mis fuerzas el llanto.

Sé sobre todo, que el leve eco de esa melodía que busco no se encuentra en ningún pequeño rincón de este bosque.

La noche ha acabado, y la luz del Sol empieza a filtrarse entre las copas de los árboles, iluminando las lluvias de hojas secas que se balancean en el aire. Los destellos hacen que parezca una lluvia de fuego, danzando a mi alrededor y alumbrando todo con su graciosa danza.

Oye, he estado pensando…

que ahora que he llegado a este futuro con el que tanto soñaba, tú ya no estarás conmigo.

La melodía proviene de mi pecho, haciendo eco en mí. Poco a poco, va aminorando el ritmo.

He estado pensando durante mucho tiempo.

A mitad del camino, llegué a conocer a aquella soledad de la que tanto hablaba la gente. Ahora que soy conocedora de este nuevo mundo, sé que las noches serán solitarias cuando me abandones. Siento que, a veces, cuando juego contigo, jugamos a ver quién llorará más en nuestra despedida.

Todo el bosque se sacude con la frescura del viento que pasa mientras miro al cielo, ahora, descubierto y más azul que nunca.

Creo que...si tú no estás aquí, he de vivir por mí misma. Y morir de igual manera. ¿Puedo echarte de menos...?

Volveré al mundo donde nadie me reconoce. Donde no conozco ningún rostro, donde la gente que se mueve a mi alrededor no es capaz de ver los mismos colores que yo veo en las cosas. Palabras confusas. Yo nunca he sido parte de ese mundo real.

Y tengo miedo.

Tengo miedo, pero creo...creo que es porque vives. Porque tú vives dentro de mí, seré capaz de sonreír. Podré seguir adelante, cada vez que tu eco resuene en mí.

Con los ojos cerrados, siento cómo la esencia de los bosques fluye a través de mí. La nostalgia es un sentimiento que vive y vivirá dentro de mí.

Pero, gracias a ella, podré mantenerte en mi recuerdo.

"Oye, he estado pensando."

He recordado que somos dos en este mundo.

dreamboy

En este tortuoso camino, siento que mis ojos no ven lo que los de alguien ordinario verían. Pequeñas luces revolotean sobre mi cabeza, iluminando tenuemente el cielo oscuro, salpicado de diminutas y titilantes estrellas. Como pájaros volando, de manera juguetona, las luces se deslizan por el aire, rodeándome con su estela dorada que, al parecer, sólo yo puedo ver y sentir. Bañado por la calidez de su destello, me he detenido en medio del camino, incapaz de seguir adelante. Sé que, cuanto más avance, menos curiosidades habrá y el mar morado y estrellado que ahora me rodea dejará de fluir, conforme mis pies me arrastren a través de este pedregoso lugar. Arenosa y seca, la tierra engullirá mis sueños.

Una lluvia de estrellas...el viento sacude mi cabello y mi rostro parpadea ante semejante espectáculo. Luces, en el cielo, que viajan hasta el agua y la salpican con su calor. Estrellas, que se dejan caer hasta ese mar colorido para empezar de cero. Jugando con mis dedos, bajo la mirada y pienso lo fantástico que sería formar parte de aquel manto oscuro y nocturno, para después renacer en otras aguas, habiendo navegado a través de las nubes para llegar hasta ellas. Quizá yo podría ser la luna, para ser amigo de todos los habitantes de ese cielo que mis ojos recorren. Sin duda... esta preciosa e inolvidable actuación ha hecho que le de la espalda al camino que debía seguir.

Qué más da, pienso mientras me pongo de cuclillas, frente a mi realidad, la única a la que me puedo aferrar. Qué más da, si, de todas maneras, no necesito ver a la gente que ignora cielo y mar, que avanza sin cesar en su vida, un trayecto en el que tantas veces me he tropezado ya. No necesito observar cómo yo me quedo atrás, por lo habitual que ya sea.

No me importa, ni siquiera si tú eres una de esas personas que saben manejar el flujo de su tiempo y de su vida.

La verdad es que no quiero ver cómo sorteas las piedras del camino. Por eso, esta vez seré yo el que le de la espalda al mundo, porque nunca he encajado en la realidad de la que todos hablan. Así que, dejaré que mi esencia se hunda en este mar de colores cambiantes, en el que el cielo refleja a sus pequeños gorriones dorados, que brillan sin rendirse. No me importa cerrar los ojos, mientras las aguas recorren cada recoveco de mi cuerpo, pálido y plagado de cicatrices.

Quizá, así, podré convertirme en una estrella de una vez por todas.

El agua...está caliente. La calidez de sus estrellas es embriagadora y me abraza sin dudarlo. Miro el cielo una última vez. Puede que allí haya un lugar, un rincón para mí y mis pensamientos soñadores, de los que nunca he conseguido desprenderme.

Sonrío...con las mejillas húmedas.

Nunca se me ha dado bien decir adiós, después de todo. Y siempre será así. Pero tú ya lo sabes; cada uno persigue sus sueños a su manera y los míos nunca han vivido en la realidad en la que tú te mueves.

Lo supe desde que me quedé ciego, sin poder ver las puerta que atravesabas.

Y, a pesar de todo lo que he sufrido, sé que te echaré de menos.