“Oye...tengo miedo."
La oscuridad es algo envolvente, capaz de hacerse con tu cuerpo y mente, antes de que puedas caer en la cuenta de ello. Destruyendo tus recuerdos, ella recorre tus interiores, quebrándolo todo a su paso, como si todas las memorias fueran frágiles cofres de cristal. Por muy bien enterrados que estén en tu mente, la negrura de su esencia es capaz de hacer que se desvanezcan. Todo es inútil.
¿Cuánto tiempo llevo ya perdida entre las sombras de este bosque? Una noche densa, sin estrellas que me guíen en mi camino. ¿Adónde te has ido, Luna? No consigo ver tu luz plateada. Las copas de los árboles son altas y parece que, hasta sus ramas se funden en el cielo, como pequeñas venas recorriéndolo.
Quiero correr. Pero mis pies están plantados en la tierra mojada, haciendo caso omiso a mis deseos. Ni siquiera mi voz sale de mi garganta; no llega a ningún lugar. Dentro de mí, la oscuridad planta su semilla.
"Oye...tengo miedo."
Una melodía lejana se desliza por el aire.
Es un sonido conocido, y mi corazón reacciona al escucharlo. Es una bella canción, que arrastra consigo una suave brisa que me acaricia las mejillas. Un pequeño eco que resuena y resuena, calmando mi respiración. Por un momento, me olvido de dónde estoy. Con amabilidad, el suave viento melódico me rodea y rompe lo que fuera que impedía a mi cuerpo moverse.
Poco a poco, recupero el control sobre mí misma. Doy un paso hacia delante, escuchando el leve sonido de hojas secas rompiéndose bajo mis pies. ¿De dónde viene esa música? Necesito hallarla, necesito sentirla más cerca de mí.
Con cada paso que doy, los árboles me abren paso. Sus copas se sacuden, dejando caer una lluvia de hojas secas sobre mí. Y el viento, juguetón, me empuja para que siga adelante. Sacude mis cabellos, liberándome de toda presión, y, ascendiendo a las copas de los árboles, la antes marchita naturaleza va recuperando sus colores primaverales, poco a poco. Mis pisadas dejan huella, dejando tras de sí una estela de hojas secas, en tonos otoñales. Tal y como estaban colocadas, parecía que el suelo ardía con semejante escala colorida.
Por mucho que ande, la melodía sigue siendo un simple eco. Lejana, vaya a donde vaya dentro de este bosque sin fin, no encuentro más que árboles y arbustos, nada más. El bosque va recuperando su luz paulatinamente, pero, dentro mí, siento que esta aún no se manifiesta.
"Oye, he estado pensando..."
Sin comerlo ni beberlo, las lágrimas comienzan a caer de mis ojos. En un impulso, caigo de rodillas al suelo, llevándome las manos al rostro. Estas se humedecen, con las gotas que no dejan de fluir.
Un impacto, duro, doloroso.
De golpe, mis recuerdos vuelven a mí. Todo, en mi mente, se reconstruye y vuelve a renacer. Todas mis memorias pasan por delante de mis ojos, a una velocidad de vértigo. Sollozo en silencio, encogiéndome sobre mí misma. Ahora que lo recuerdo todo, sé dónde estoy. Sé por qué estoy aquí. Y sé, sobre todo…
Poso las manos en mi pecho, conteniendo con todas mis fuerzas el llanto.
Sé sobre todo, que el leve eco de esa melodía que busco no se encuentra en ningún pequeño rincón de este bosque.
La noche ha acabado, y la luz del Sol empieza a filtrarse entre las copas de los árboles, iluminando las lluvias de hojas secas que se balancean en el aire. Los destellos hacen que parezca una lluvia de fuego, danzando a mi alrededor y alumbrando todo con su graciosa danza.
Oye, he estado pensando…
que ahora que he llegado a este futuro con el que tanto soñaba, tú ya no estarás conmigo.
La melodía proviene de mi pecho, haciendo eco en mí. Poco a poco, va aminorando el ritmo.
He estado pensando durante mucho tiempo.
A mitad del camino, llegué a conocer a aquella soledad de la que tanto hablaba la gente. Ahora que soy conocedora de este nuevo mundo, sé que las noches serán solitarias cuando me abandones. Siento que, a veces, cuando juego contigo, jugamos a ver quién llorará más en nuestra despedida.
Todo el bosque se sacude con la frescura del viento que pasa mientras miro al cielo, ahora, descubierto y más azul que nunca.
Creo que...si tú no estás aquí, he de vivir por mí misma. Y morir de igual manera. ¿Puedo echarte de menos...?
Volveré al mundo donde nadie me reconoce. Donde no conozco ningún rostro, donde la gente que se mueve a mi alrededor no es capaz de ver los mismos colores que yo veo en las cosas. Palabras confusas. Yo nunca he sido parte de ese mundo real.
Y tengo miedo.
Tengo miedo, pero creo...creo que es porque tú vives. Porque tú vives dentro de mí, seré capaz de sonreír. Podré seguir adelante, cada vez que tu eco resuene en mí.
Con los ojos cerrados, siento cómo la esencia de los bosques fluye a través de mí. La nostalgia es un sentimiento que vive y vivirá dentro de mí.
Pero, gracias a ella, podré mantenerte en mi recuerdo.
"Oye, he estado pensando."
He recordado que somos dos en este mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario