En Gurian se cree que las noches te roban la vida. Gélidas y mortales, oscurecen todo a tu alrededor y te ahogan entre olas negruzcas, salvajes y espesas. Las voces que viajan a través de los vientos siempre han advertido a las gentes acerca de los paseos nocturnos, lejos de la luz; y, haciendo eco cientos de mentes, es así cómo el temor florece en los corazones que tiemblan, apavoridos por perder el alma que los acompaña.
Pero yo vivo en la noche y es mi eterna compañera. Ya no me quedan recuerdos que su aliento helado me pueda arrebatar. Su frío me atraviesa, pero no siento ni la más mínima molestia. Sé que la gente está ciega, que viven tras un velo de fantasías y maravillas, hecho y planeado para que sus ojos no alcancen a ver lo que hay más allá, allí donde yo he venido a explorar. Así, con la vista tapada, nadie se da cuenta de que, poco a poco, unas manos metálicas van congelando sus cuerpos, dejando a "nadie" -al pueblo- a su total merced.
Yo fui uno de sus juguetes una vez; por eso, mi corazón ya no es lo que era ni yo soy quien solía ser.
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